Así como cuando te pellizcas un brazo porque te duele el otro, era más fuerte el carraspeo del humo del tabaco en la garganta que la ansiedad o el desengaño. Para los que no entendían porque. Tomando desvíos, para llegar antes. Igual, como todo en esta vida, tenía fecha de caducidad. Algún día terminarían. El humo. Las cárceles emocionales.
domingo, 28 de mayo de 2017
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